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domingo, 12 de agosto de 2012

La esencia de la elegancia.

Hay gente que considera que la elegancia es algo que se adquiere con el tiempo, que se compra o que se aprende, pero yo considero que se nace con el gen de la elegancia y con los años se desarrolla y se perfecciona.

Cuando pienso en la manifestación femenina de ese gen, ese icono para mi lo representa Audrey Hepburn ante el escaparate de Tiffany, en la esquina de la Quinta Avenida, con la 57, en Manhattan.

Cuando estuve hace ya algunos años frente a ese mismo escaparate, mi imagen distaba años luz de parecerse ni mínimamente a esa pose tan sencilla y a la vez tan sofisticada. En el momento de guardar  para el recuerdo (imperturbable) ese hito en mi vida personal, trate de estar lo más digna posible, pero no contribuyó mucho el hecho de que unas horas antes, una torrencial tormenta neoyorquina dejara mi pelo hecho un asco y que tuviera que recurrir a los secadores de manos de uno de los aseos de señoras del Metropolitan para secarlo. Tampoco contribuyó mucho, que mi vestimenta fuera la de una simple turista española al otro lado del Atlántico.

La elegancia no es una joya que se compra, son rasgos del carácter de las personas y se manifiestan de múltiples formas. No es sólo cuestión de imagen, es cuestión de espíritu. Puedes gastarte una fortuna en ropa y que no te luzca en absoluto o puedes ir vestida de "mercadillo", que si eres elegante, lo eres con unos sencillos vaqueros y una camiseta.

No es sólo el envoltorio, hay formas de moverse con gran elegancia, como por ejemplo, al salir de un coche si llevas un vestido demasiado corto, al estilo como lo hacía Diana de Gales, que era un ejemplo a seguir para mi, al menos en ese aspecto. 

Hay gente que se muere de forma elegante, que se dejan ir, como si llevaran toda la vida preparándose para ello. Hay gente que vive toda su vida con elegancia. Hay gente que es elegante al andar, hay quien mira con elegancia, hay quien ayuda a los demás con soberana elegancia, apenas sin hacerse notar.

Audry encarnaba ese tipo de mujer, capaz de ser perfecta, sencilla y maravillosa, tal y como la podemos siempre admirar en "Vacaciones en Roma", porque esa esencia la llevaba en su interior.

Y con toda la elegancia de la que soy capaz voy a aparcar durante unos días mi actividad bloguera. Espero que no sean muchos y que a mi vuelta tenga fuerza y espíritu renovado para seguir escribiendo. 

Me despido, temporalmente con una canción que siempre me recordará un viaje a Manzanares El Real, para comer, en buena compañía...



Y voy a cerrar esta etapa, de la misma forma en que me gusta cerrar las conversaciones con mis amigos, con un: 

¡¡Hasta pronto!!

miércoles, 1 de agosto de 2012

No juegues con los escorpiones.

Mortíferos, venenosos y peligrosos. Así son los escorpiones. Su compañía no suele ser una buena compañía y son seres noctámbulos. Mejor alejarse de ellos, cuando estás a tiempo de alejarte.

Como el peligro es lo que más me atrae, aunque los respeto por su veneno, me siento muy atraída por ellos, irremediablemente diría yo.


Abu-Simbel, son más de las once de la noche y va a comenzar el espectáculo de luz y sonido para los turistas que esa noche nos amos a quedar a dormir embarcados en una de las orillas del Nasser (este sería el inicio de mi primer crucero). Miro a Hammed, nuestro guía egipcio, saca una linterna y empieza  a alumbrar nuestros pies. Nos recomienda no movernos. Saca un cucurucho de papel de uno de sus múltiples bolsillos, se agacha y sonríe.

Acaba de capturar a uno de ellos, negro, amenazante. Caza dos más y nos mira para tranquilizarnos. "Estos no son de los más venenosos, ¿todos tenéis el entierro pagado, no?", bromea el muy... (se nota que vivió varios años entre andaluces y se le ha pegado la gracia).

Así que el resto de la noche, los ojos de casi todos los del grupos oscilan alternativamente entre la iluminación cambiante del templo de Ramses y el suelo ..., por si acaso.


Una hora después, con el espectáculo terminado y mis posaderas planas por el incómodo asiento, se encienden las luces, miro hacia abajo y al lado de la piedra en la que estoy sentada asoma otro. Ha estado cerca de mi y no ha pasado nada.

"Quítate de ahí", me ordena Hammed y yo obedezco. Lo recoge con otro cucurucho de papel y me sonríe. "No te preocupes, que no ibas a dejar viudo a este tan pronto", me dice señalando al que desde unos días antes era ya oficialmente mi santo y se ríe. Decididamente, este chico tiene muchas gracia, pero que mucha gracia.

De vuelta al barco me dice que no es cierto que se claven a si mismos el aguijón si se ven rodeados de fuego, que en realidad su cuerpo se arquea con el calor de las llamas y parece que se ha clavado así mismo el aguijón. Vaya, lo del suicidio del escorpión es sólo un mito.

De gran magnetismo, te atraen, pero pueden destruirte. Poderosos, pero a la vez auto-destructivos. Hay que tenerlo muy claro, si los tienes cerca, que son un peligro. Si te atreves a acercarte...

Ahora, que os aseguro que son infinitamente peores las "tiburonas" de piscina reducida.
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