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lunes, 13 de octubre de 2014

Canción de cuna para un espíritu insomne.

Esta noche también he visto mientras cenaba anuncios de pastillas para dormir. Esta noche también me he sentido identificada con los que se pasan las horas contando inmensos rebaños de ovejas feas.

A veces tengo problemas para conciliar el sueño o para continuar sumergida en él. Como todos. A veces me despierto, como hoy, una vez más de madrugada, apenas un par de horas antes de que suene el despertador y ya no puedo volver a dormirme.

Lo intento, me doy media vuelta y me pongo exactamente de la misma postura en que sueles dormirte tú. Si, esa que a ti también te gusta.

Y los pensamientos me acompañan otra noche de "noche en vela". Haciendo ese eco mecánico de tic-tac que me pone frenética. Trato de no pensar en nada y todos los elefantes rosas del mundo acuden a mi cerebro para hacerme compañía.

No quiero tener ojeras de cansada, una vez más, cuando salga de nuevo de casa.

Trato de acomodar mi oído a los sonidos en el silencio de la noche, la respiración de quien duerme a miles de kilómetros de distancia, pero tan sólo a unos centímetros; los ruidos de una casa que aún no cruje, pero que se queja. Trato de pensar en lo que más me gusta de ti y ya no puedo dormir tranquila.

Reflexiono sobre lo elástico que es el tiempo, en las noches que parecen eternas cuando no debes dormir, porque estás trabajando, porque estás cuidando a alguien a quien quieres y que te necesita ahora que no se encuentra bien. En el tiempo de noche, que pasa más lento cuando sólo esperas que se vea por fin la primera luz del día y puedas irte a tu cama a dormir, aunque ya brille el sol.

A veces no duermo porque las preocupaciones hacen demasiado ruido cuando todos callan y perturban mi descanso. A veces es el dolor el que me despierta, me enfado con él, le ignoro, pero entonces se rebela y me llama por mi nombre de pila con más fuerza. Ese dolor que me deja con los ojos como platos y triste.

A veces me despierta el sonido de un coche a toda velocidad en medio del silencio oscuro y cálido del verano, para los que tienen eternas vacaciones. Ahora me despierta el sonido del viento entre las rendijas de la vida. Y el de la lluvia que no cesa y que aumenta su intensidad con cada gota.

Otras veces son las pesadillas más terribles, esas que nos ponen cara a cara frente a nuestras debilidades. Las que le ponen rostro y cuerpo a nuestros miedos, las que me despiertan, bañando en sudor mi menudo cuerpo.

La inseguridad por el futuro más cercano. El trabajo, la salud. El extraño amor. Todo se conjura en el ritual del quiero y no puedo dormirme. Ni siquiera bostezo.

La tenue luz de mi brujita de Florencia me envuelve en un poco de serenidad azul. Ahuyenta los fantasmas que no existen, pero que se esconden detrás de la puerta.




Hoy no me quites también el sueño. Por favor, hoy no. Que tengo un motivo bonito, para disfrutar mientras duermo.
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